El mar estaba tranquilo y una fresca brisa aliviaba la modorra y el calor que sofocaba a los viajeros que venían de Europa. Los caballos resoplaban cansados por el largo viaje; percibían algo extraño en el aire, como si un suceso importante estuviera por suceder. La mujer detrás del tabique espiaba por una hendija. Sus ojos abiertos trataban de abarcar la pesebrera, inusual para un barco de pasajeros, las maderas finas que dividían los cubículos, la elegancia, el lujo y la fantasía de aquel lugar que parecía el escenario donde se iba a montar una ópera de moda. Su fascinación iba en aumento con los detalles que descubría; los briseros de cristal que pendían del techo, los apliques de bronce que adornaban las esquinas y la madera oscura y pulida de los comederos.
La mujer vio a dos hombres entrar; el uno aparentaba unos cincuenta años y llevaba un cubo con agua, el otro, mucho más joven tenía aire aristocrático y dijo:
—Mira, Jesús, el casco de “Taranto”. Hay que arreglarlo al llegar a tierra.
Los dos hombres se reclinaron para ver el casco del caballo y el más joven continuó:
—Creo que “Sevillano” se ha golpeado el garrón contra las tablas, hay que arreglar todo esto en Guayaquil, para que no nos den problemas en el viaje a Quito.
Jesús movía la cabeza en signo de aprobación, parecía respetar el conocimiento del joven. Los dos hablaban con acento español.
María África no se dio cuenta del tiempo que había pasado pegada a la pared que dividía su escondite del cubículo de los caballos. Jesús acicaló a los animales; limpió el lugar, salió y regresó con pienso que depositó en las artesas, frente a los caballos que se pusieron a comer y una vez que terminó salió y dejó solo al joven
Así, como un regalo del cielo le pareció a María África aquella visión; sus pupilas se dilataron, su corazón se aceleró y sintió dificultad para respirar. Había conocido aristócratas en su vida, había bailado para ellos en los palacios de Lima, pero el hombre al que estaba observando no se parecía a ningún otro, tenía una mezcla de rudeza y finura.
Los ojos de María África se abrieron más al ver que el hombre que se había quedado sólo, se quitaba la camisa, la tiraba lejos y se acercaba a los animales que parecían reconocerlo. Una sonrisa se esbozó en la cara de la mujer, mientras la invadía un cosquilleo placentero al ver aquel torso de hombre desnudo perfectamente delineado, de músculos definidos, cintura estrecha y amplios hombros. Tenía las manos fuertes y las palmas anchas con las que acariciaba las crines y palmoteaba a los caballos. María África se estremeció; sin siquiera proponérselo fue como si sintiera las bruscas caricias en su cuerpo y quiso que ese momento no acabara nunca. Siguió pegada a la hendija mientras comprobaba que la rudeza equilibraba la belleza exagerada en la cara del hombre, la perfección de su boca, sus ojos verdes y el cabello alborotado sobre su frente.
El hombre, como un encantador de serpientes, hipnotizaba a las bestias. Su presencia parecía salirse del espacio en que se encontraba; como una corriente de vida que se apoderaba de todo.
Inesperadamente se puso la camisa, desapareció y con él se fueron la fuerza y la magia del momento. La joven se dejó caer sobre su lecho de harapos, se tapó la cara con las manos y se puso a sollozar mientras al otro lado los caballos estaban tranquilos.
María África sintió desolación, pero no se dio por vencida; había conocido un momento de éxtasis que la había cambiado para siempre, fue el evento más conmovedor de su vida. Su despertar fue una conversión real; de la agonía a la pasión por vivir y a la certeza de que podía convertirse en lo que quisiera. Aquel hálito de vida se lo había pasado aquel hombre al pasearse entre los caballos.
Miró a su alrededor, y al darse cuenta de que pronto comenzarían las actividades de la mañana, se apresuró a regresar al sitio que le habían asignado entre una madre y dos niños con los cuales compartía los alimentos y el agua a la que tenían derecho. Salió de su escondite secreto moviendo la tabla del piso hasta alcanzar la cubierta de la tercera clase donde pasó el día como en el limbo; no pudo contestar coherentemente las preguntas de los otros pasajeros, casi no pudo desayunar, y en su mente se repetían una y otra vez las escenas que había visto en la madrugada.
—¿Por qué estás tan callada, Canaria? .
La mujer que compartía sitio con ella la miraba con curiosidad, la llamó por ese nombre porque María África le había contado que había nacido en las Islas Canarias.
—Algo te pasa, estás tan misteriosa.
Le pasó la mano por la mejilla y riendo continuó:
—No me digas que te has enamorado, no veo por acá ningún mozo que merezca la pena un pensamiento tuyo, a no ser que te guste el tuerto que canta al mediodía.
Las dos se echaron a reír, María África se reclinó en el hombro de la madre, aspiró el aroma rancio que se desprendía de sus ropas, y se fijó que las dos estaban en situación similar; eran más pobres que el resto de los pasajeros que se compadecían de ellas y les regalaban alimentos.
—Me dijiste que te embarcaste en Lima y que te diriges a Veracruz para luego tomar otro barco a Tenerife —. La mujer la miraba impasible —. Lo que no entiendo es por qué, si bailaste en los mejores teatros de esa ciudad y para los más ricos, estás sin un duro.
Hablaba como si estuviera acostumbrada a que cosas así pasaran siempre. María África la tomó de la mano y le confesó:
—Los empresarios que me contrataron me prometieron los mejores pagos — se sonrió con una cierta tristeza, como evocando el momento y continuó —. El teatro se llenaba cada vez que me presentaba, fue un éxito de meses durante los cuales viví en una casa buena, me alimenté y me vestí con cierto lujo. No tenía necesidad de dinero porque todo me lo proporcionaba la compañía con la que firmé el contrato, pero un día, mi agente recibió una oferta para presentarse en Madrid, y alzó el vuelo sin pagarme lo adeudado —. Calló por un momento en el que la otra mujer aprovechó para preguntar:
—¿Cómo obtuviste dinero para comprar el pasaje?
—¡Ay, cariño! Cuando la compañía de variedades para la que trabajaba abandonó Lima, me abandonó a mí, me dejó en la calle, sin vivienda y sin los bellos vestidos que yo creía de mi propiedad. En mi desesperación entré en la oficina del teatro y alcancé a vislumbrar un fajo de billetes. No vacilé, lo tomé y huí al puerto a comprar un boleto, algo me guardé para utilizarlo al llegar a Tenerife.
María África se quedó pensativa, como si aquel recuerdo le hiciera mal, entonces, su amiga la miró directo a los ojos y le dijo:
—No has hecho nada malo, si te debían hiciste lo correcto — pareció indignarse y alzó la voz para decir:
—¡Qué malditos son esos hombres de negocios, ojalá les llegue mi maldición! —Y haciendo una seña con el dedo, los mandó al diablo.
Luego se volvió otra vez hacia María África, y poniéndole la mano en el pecho le preguntó:
—¿Y ese medallón de oro, lo robaste también?
María África sostuvo con la suya la mano de la mujer sobre la joya y le contestó:
—Me lo dio mi madre antes de morir, es un relicario que lo llevo vacío para llenarlo algún día, con lo más preciado de mi vida —. No quiso hablar más y poniéndose de pie dijo —: Anda, ven conmigo y vamos a pasearnos para estirar las piernas, podemos buscar a tus hijos que deben andar jugando con los otros críos.
Las dos jóvenes tomadas de la cintura recorrieron la cubierta saltando bultos y esquivando pasajeros. Se olvidaron de sus penas y pasaron toda la mañana contándose sus secretos, riendo y enamorando a los hombres que no podían quitarles la vista de encima, sobre todo, no podían dejar de admirar el cimbreante andar de María África. Ella reía complacida, sabía que tenía un cuerpo esbelto, piernas largas y cintura estrecha. Su cuello largo sobresalía entre los cabellos rubios y desordenados. Era mucho más alta que su amiga y su boca abultada y sensual había despertado más de un mal pensamiento.
Estaban arrimadas a la baranda entonando una canción. Los ojos de María África brillaban como dos esmeraldas diminutas perdidas en la oscuridad de sus pestañas. La otra mujer no dejaba de observarla, molesta porque no conocía la razón de tanta alegría.
—Estás deslumbrante, Canaria. A mí tú no me engañas; algo te ha pasado, hasta la sonrisa se te ha pegado, tú siempre andabas triste—Su amiga estaba intrigada y María África para despistarle, pues no podía confiarle su secreto le dijo:
—Mira, estoy deseosa de llegar a mi tierra y ponerme un negocio propio, soy muy buena bordadora y sé confeccionar máscaras como nadie. Me haré rica en el carnaval de Tenerife que es famoso.
No pudo convencer completamente a su amiga, pero al menos logró que la dejara en paz.
Cuando se hizo de noche y todos se retiraron a descansar, María África esperó que su amiga se quedara dormida para escaparse a su escondite entre las dos cubiertas. Nada ni nadie sería capaz de despertar a la madre y a sus hijos que dormían cada noche tan profundamente que ni una tormenta parecía perturbarles. Cuando se sintió segura se levantó de su lecho de paja y se encaminó con sigilo hacia la puerta del dormitorio común, la abrió sin hacer ruido, y una vez en la cubierta solitaria se dirigió a la esquina donde había encontrado la tabla que escondía el acceso al que ahora era su dormitorio, cubierto solamente con un alero, que dejaba respirar a gusto y mirar las estrellas. Se sentó en la cama que había habilitado con harapos, y dejó pasar un rato hasta calmar su corazón y poner en orden sus sentimientos, porque estaba irremediablemente sumergida en un torrente que la arrastraba a un destino desconocido. No sabía la razón, pero iba a seguir al hombre de los caballos hasta el fin del mundo; a Quito, había oído que desembarcaría en Guayaquil, y ahí se bajaría ella también. En el puente entre la primera y la segunda clase, ella decidió ascender a la primera y vivir “con las cosas bellas que elevan el espíritu y que se consiguen con dinero” Aquel hombre la había hechizado.




Hola Agueda: Me encantó este capítulo, el texto fluye y tiene tu voz, limpia y transparente, logras describir la situación muy bien con adecuado vocabulario. No escribo para adultos , tú sabes, pero me encanta……………. Las vas a presentar , a cula editorial??? suerte, llegué de Cuenca, esoy agotada , luego sigo leyendo
beso
em
Elsita, me ha emocionado tu primera reacción, ojalá puedas leer más. Un beso
Hola Águeda, solo he tenido tiempo para leer este primer capítulo. Más adelante leeré el segundo y los que vayas colgando en tu blog. Un primer capítulo es poco para ofrecer una visión de lo que puede llegar a ser la novela. Solo decirte que se lee con agilidad y eso ya es un punto a tu favor.
Es como una introducción que incita a querer saber más sobre María África, o la canaria y ese señorito aristócrata.
Nos leemos
Amando, tus palabras me dan impulso, gracias y ojalá leas más.
Agueda, extraordinario releí este capítulo y me sorprende la agilidad mental y la ingeniosidad literaria, despierta mucho interés, tienes alma y cerebro de escritora ¡Prosigue!
Muchas gracias, Adolfo. Espero que leas el segundo capitulo y los demás y sigas opinando.
Si bien ya estás al tanto de lo mucho que me agradó la novela, te cuento que al volver a meterme en la historia, me vienen ganas de darle una relectura. Me alegro enormemente de este blog que adelanta una edición en papel. Felicitaciones de nuevo, y toda mi admiración.
Gracias, Gustavo. Me emociona mucho que la vuelvas a leer y que la comentes. Un beso
Aguedita, he leido con detenimiento y avídez tu escrito que me parece estupendamente relatado y con una descripción que acapara la mente del lector. La historia es de movimiento, sentimiento y acción por lo que gusta inmensamente.
Gracias mi amiga linda por compartir y en lo que pueda procuraré ser de ayuda.
Sigue adelante…tienes madera Aguedita…MUCHA!!!!! Beso grande!
Alegría, qué bueno que estés leyendo y te guste. Gracias por la Mucha, te mando otra
Agueda, hermoso relato, yo tambien estoy subida en el barco. Me encantó, espero los siguientes capítulos. Besos Consuelo
Consuelo, qué bueno que te gustó, el lunes pongo el siguiente capitulo.
Agueda,
Me he quedado enganchada con la historia, el personaje, el escenario, la ambientacion y el calibre del idioma tan fluido, tan natural. No cabe duda de tu talento, escritora innata.
Seguire leyendo con ilusion.
Gracias, Mignon. Espero tus comentarios, el lunes pongo el tercer capitulo. Un beso
Agueda,
Acabo de leer el primer capitulo y me ha enganchado. Me encanto tu idioma fluido, bien expresado y natural. Me cautiva
el escenario, la ambientacion, el personaje, y la anticipacion
creada. Tienes talento innato. Asi que te seguire leyendo y comentando contigo.
Agueda:
Gracias por permitirme leer este relato, estoy ansiosa por continuar con el siguiente capítulo. Me encantó el escenario, María Africa y todo el contexto. Lo vas a publicar??
Gracias, Margarita. Espero publicar algún día
Tienes la habilidad de transmitir no solamente una historia de ficción, de creación, sino también de transmitir tu personalidad. Me pareció escucharte mientras lo leía.
Agueda, lei el primer capitulo, luego leere el segundo.
Buena narrativa, es clara y da ganas de seguir leyendo. Que no es poca cosa para una novela. Adelante!
Seguire leyendo y comentando.
Un saludo
Andres kunizawa
Gracias, me da mucho aliento
Me ha encantado el primer capitulo de su novela. Seguire leyendola, esta tarde, cuando los nietos ya no esten en casa y recobre el sosiego. Enhorabuena.
Gracias, sus comentarios llegan a la hora que más los necesito
Agueda, muy chevere la novela facil de meterse, enseguida comienza a volar la imaginacion y ver tanto a los personajes como al escenario, voy a seguir leyendo.
Felicitaciones,
un beso
Gracias, Cristina, que bueno que sigas leyendo, un beso
Por fin tuve tiempo de leer el primer capítulo, por lo menos!! Me gusta mucho, y es verdad lo que dice Pablo Barrera, en tus relatos transmites tu personalidad. Logras que el lector se meta dentro de la historia…. sigue adelante!!!
Gracias, María Nieves. Ojalá sigas leyendo.
Águeda, me ha gustado mucho leer éste capítulo. Bien escrito y con las palabras acertadas. Lo más importante, tu forma de escribir te engancha y quieres saber más. Felicitaciones. Sigue adelante.
Gracias, Washington. Espero que sigas leyendo, me has dado una alegría.
AGUEDITA, estoy encantada leyendo tu novela, te felicito y te agradezco haberme dado la oportunidad de leerla, voy a seguir pues desde el primer momento da ganas de seguir leyendo y saber que va a pasar. Ya te seguire escribiendo. recibe todo mi carino y admiracion, BESOS LUZ
Luz, es hermoso saber que lees la novela, ojalá te siga gustando. Un beso enorme
Aguedita, me encanto este capìtulo, tiene una descripciòn tan clara que parecerìa ser que yo estoy inmersa en tu relato. Te felicito Rocio
[...] 1.- EL BARCO [...]
[...] 1.- EL BARCO [...]
Aguedita: por fin ahora me senté a leer el primer capítulo y ya estoy enganchada en la lectura. Bien escrito, bien hilvanado. Ya te comento el resto según vaya leyendo.
Helena
Gracias, espero que no te canses de leer y sigas comentando
Que suerte leer tus cuentos Aguedita, me gustó mucho y quiero seguir la historia … lo que pase con la canaria… felicitaciones!!!
Gracias, Katy; te espero en el blog. un besito
Hola Agueda, me gustó como das vida a los personajes, y al lugar en donde se desenvuelve la historia, describes muy bien, uno se adentra en ella y pasaré a los capítulos siguientes, te felicito por la forma como escribes.
Gracias, Consuelo. Espero que pases los primeros capítulos y llegues a los últimos que están buenísimos. Un abrazo
Hola mi Profe querida!!!
Haber, no tengo ni el menor banquillo para opinar de estructuras ni temas “técnicos” literarios…así que va la perspectiva de sensaciones, al leer este primer capítulo…
- Senti calor y el viento pegajoso de luego un día de playa alejado de la casa veraniega…gozo para mi, pues me encanta eso.
- Ella me pareció muy sexy, y eso que poco la describes, concluyo del contexto…
- Estoy lejos de casa y sentir los mares más calientes me hizo añorar mi patria…gracias.
Sin duda, voy con los otros lectores en cuanto a que el planteamiento te deja miel en la boca…a seguir leyendo!!!
Besos,
JMK
Eres lo mejor. Espero que sigas leyendo
Besotes
Atrapa! es lo primero que se me ocurre decir al terminar de leer ésta parte, con el relato que logra contagiar, lenguaje claro y que hace vacilar la imaginación. Cuando alguien escribe algo y logra que el lector se involucre…entonces estamos frente a un gran escritor/a.
Continuare leyendo y dando mis impresiones, hasta pronto
Pamela! Qué palabras tan bonitas. Hay que seguir leyendo porque después sí que se pone interesante
Aguedita, con el primer capitulo me enganche!describes tan bien e viaje, que me sentí una pasajera mas. Disfruto el vocabulario fácil de leer.
Qué bueno que te guste, ojalá termines. Un besito
Realmente hermoso, al leer, volaba mi imaginación, aparecían esos personajes en mi mente y no paré de leer hasta terminarlo. Gracias.
Emmita, me alegra tanto que haya podido entrar en el blog y leer la novela. Gracias por su comentario, me ha hecho feliz.
Un abrazo
Ágieda